El gorro que marcó la historia

En los principios del siglo XX, durante la revolución rusa y su posterior guerra civil, el uniforme del Ejército rojo se caracterizó por un gorro conocido como “Budionovka”. Con una gran estrella roja pintada a modo de emblema y de forma triangular, estaba inspirado en los cascos de los  guerreros de la antigua Rus. Pronto se  convirtió en símbolo identificador no sólo del ejército sino de la propia  Revolución. Los primeros soldados que lo utilizaron fueron las guarniciones de caballería comandadas por Semión Mijáilovich Budionny, de donde deriva su nombre. Su diseñador, un magistral pintor ruso de la época, Viktor Mijáilovich Vasnetzov, junto a otros reputados artistas fueron los diseñadores del uniforme del Ejército Rojo.




Prenda de cabeza de invierno
Orden del Sóviet militar nº 628, 8 de abril de 1919

        V. M. Vasnetzov, seminarista, comenzó su carrera artística como pintor de iconos. Perfeccionó su técnica en la “Academia Imperial de las Artes”de San Petesburgo, donde destacó durante sus estudios siendo merecedor de importantes premios. Conoció allí al genial Iliá Yefímovich Répin y, junto a otros pintores rusos, se instalaron en París.  Durante esta etapa, Vaznetsov se especializó en motivos históricos, especialmente medievales,  y en el folclore ruso.  Su rostro, es retratado por Répin  dando vida a Sadkó, el héroe de los antiguos cantares de gesta llamados Bylinas. A su regreso a Moscú conocerá al gran coleccionista de arte Pável Mijáilovich Tretiakov.  El millonario comerciante le encarga el diseño del edificio que albergará su colección privada de arte.

En época soviética la colección se nacionalizó y hoy en día podemos admirar la mayor y mejor colección de pintura rusa en su edificio original.  La “Galeria Tretiakov”, cercana a la Plaza Roja, según distancias moscovitas. Ocupa un bello edificio ambientado en un “Térem”.

¿Térem? ¿Qué es eso? Un Térem es la zona de habitaciones  destinada a las mujeres en el recinto de un palacio. Una antigua costumbre de la nobleza rusa que se fue diluyendo a partir del siglo XVI. El estilo y la decoración del térem forma parte del folclore popular y se representa en las ilustraciones de los cuentos tradicionales.

La pintura rusa comienza en el siglo X en los antiguos principados de Kíev y Nóvgorod. Con clara influencia bizantina y dedicada a la pintura religiosa casi en exclusiva hasta el siglo XVII. Un momento histórico en el que muchos territorios se van liberando del poder tártaro, como consecuencia se crean nuevos monasterios y numerosos artistas se forman en sus escuelas de pintura.

El más importante iconógrafo durante esta etapa no es otro que el gran Andréi Rubliov. El artista consigue mezclar en sus obras la tradición con nuevas tendencias. ¡Un revolucionario de la pintura! Rubliov es contratado para decorar las más importantes iglesias del país, entre ellas la Catedral de la Anunciación del Krémlim de Moscú. La nueva forma de escribir iconos del artista se propaga a las diferentes escuelas. ¡No me he confundido!

Los iconos, en ruso, no se pintan se escriben.  Para la Iglesia ortodoxa rusa existe una gran diferencia espiritual entre un icono y otras pinturas de temática religiosa. El “Icono” es un objeto sagrado que cumple con un estricto código de símbolos y normas. Estas obras de arte no están hechas para la contemplación o el embellecimiento de los templos. Son objetos con “fuerza espiritual” especialmente  escritos para invitar al recogimiento y la oración. Según el punto de vista de la Iglesia, el icono, una vez consagrado, conserva la esencia de la figura representada.

       Pedro I, trae de occidente artistas y abre nuevas Escuelas de pintura. Nace así una nueva tradición pictórica de clara influencia barroca. Los motivos, al igual que en el resto de Europa, empiezan a incluir retratos y momentos importantes de la historia del país para decoración de palacios y otros edificios civiles.

En el siglo XVIII, la zarina Isabel I funda la Academia de las Artes de San Petesburgo. Más tarde,  su sucesora y gran coleccionista de arte, transformará la escuela que pasa a ser conocida como Academia Imperial de las Artes.

       Catalina II funda diferentes museos a lo largo y ancho del país,  sin lugar a dudas el más famoso es el Ermitage de San Petesburgo. La pintura rusa vive uno de sus grandes momentos, numerosos artistas extranjeros son invitados a trabajar en la Corte y pintores rusos viajan a estudiar y formarse en las diferentes escuelas europeas. La pintura rusa se integra completamente en los estilos occidentales y en sus diferentes movimientos. Vive el rococó y el neoclasicismo del siglo XVIII.

Las nuevas tendencias del siglo XIX, Realismo, Naturalismo y Romanticismo se ven influenciadas por un marcado carácter nacionalista fruto de las guerras napoleónicas y de la azarada situación en las fronteras de los imperios ruso y turco. Los retratos y motivos costumbristas se mezclan con los motivos históricos y mitológicos. Los paisajes sirven de inspiración y fondo a los personajes del folclore tradicional.

La ruptura con los estilos tradicionales de un grupo de artistas conocido con el nombre de “La Sociedad de los Ambulantes” lleva el arte a todos los rincones del país y a todos los estratos sociales. Las innovaciones y las nuevas técnicas hacen cambiar los conceptos tanto en la pintura religiosa como en la rígida Academia de las Artes. Losambulantes o vagabundos” comienzan a utilizar el arte como una denuncia de las injusticias sociales y lo acercan a  la calle.

Este grupo estaba en contacto con escritores y músicos. Todos participarán en estas nuevas tendencias desde sus diferentes artes. Existen numerosos ejemplos de sus colaboraciones. Pintores diseñan los decorados y vestuarios de las obras de teatro escritas en esa época o de diversas óperas y ballets basadas en motivos tradicionales o en hechos históricos.

Los “ambulantes” son los encargados de poner la imagen dentro de  un movimiento artístico general basado en el nacionalismo político y que en lugar de dividir unifica y da valor a la identidad nacional.

En la Vieja Europa, a finales del siglo XIX,  habían surgido numerosos movimientos nacionalistas con reivindicaciones territoriales de marcado carácter independentista. Diferentes cambios sociales consecuencia de la revolución industrial y la Revolución Francesa dan paso a nuevas convicciones. La situación afecta también a la sociedad rusa. En lo social, distintos  movimientos revolucionarios se suceden a lo largo del siglo XIX. Los artistas, a través de sus trabajos, participan también en dichos movimientos eligiendo un retorno a las raíces, a las tradiciones, a la historia del país y a sus  grandes momentos. El efecto: una crítica al poder establecido y a la vez una llamada a la unidad e identidad nacional.

Rusia, cuando tiene problemas, se alimenta de sí misma. El país más grande del mundo, en el que viven cientos de etnias diferentes, siempre ha sido capaz de conseguir un fuerte sentimiento de unidad nacional. Los movimientos artísticos a lo largo de la historia han sido una importante herramienta para conseguir dicha unidad.

No importa quién gobierne el país o cómo se llame. El objetivo es simple; la permanencia de la madre tierra, es decir, la permanencia de Rusia.

Durante su etapa en el exilio Aleksander Sergeiévich Pushkin escribió:

       “Admiro lo que veo a mi alrededor, pero juro por mi honor que nunca querré cambiar mi patria o tener una historia que no sea la historia de nuestros antepasados, como Dios nos la dio…”.

Publicado por birioska

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