El refugio del ermitaño

<p class="has-drop-cap" value="<amp-fit-text layout="fixed-height" min-font-size="6" max-font-size="72" height="80">Leyendo el periódico de hoy,  una noticia me ha sorprendido. No puedo comprender como alguien puede rechazar una propuesta así, pero los políticos a veces tienen razones que el resto de los mortales desconocemos.Leyendo el periódico de hoy,  una noticia me ha sorprendido. No puedo comprender como alguien puede rechazar una propuesta así, pero los políticos a veces tienen razones que el resto de los mortales desconocemos.

El Museo del  Ermitage de San Petersburgo cuenta con mas de 3 millones de piezas. lo que le convierte en el   museo más grande del mundo. En este caso la cantidad no está reñida con la calidad, y su colección de pintura está considerada una de las  mejores,   a la que hay que sumar esculturas, objetos decorativos, joyas, piezas arqueológicas, armas y monedas antiguas. Por si esto fuera poco, el visitante también tiene que dedicar tiempo a admirar el edificio donde se expone tan magnífica colección, el mobiliario y las lámparas. En la actualidad no de un solo edificio sino de los 5 palacios que ocupa el Museo. Dicen que si dedicáramos 1 minuto a cada obra en nuestra visita durante 8 horas al día, necesitaríamos 11 años para poder verlo completo.

Afortunadamente,  otros políticos  se han dado mucha prisa para ofrecer un espacio donde pueda ubicarse una sucursal de este magnífico museo. No se lo que ocurrirá, pero espero que la futura pequeña sede  encuentre su sitio y a mí Madrid…¡ me queda más cerca!. Sumar el nombre del Ermitage y el Museo del Prado me da  la oportunidad de  disfrutar  de 2 de las 3 mejores  colecciones de pintura del mundo sin salir de “casa” ¡ todo un sueño!.

El Almuerzo. Velázquez

 

La Revolución, en 1917, provocó la nacionalización de la mayor colección privada del mundo  y convirtió las estancias imperiales en Museo.  Da Vinci, Tiziano, Rafael, Zurbarán, Velázquez, Goya… cuelgan de sus paredes. La posibilidad de ver en Madrid alguno de estos cuadros trae a mi mente viejas  historias de como llegaron hasta allí algunos de estas ellos.

Pedro I inició tímidamente la colección con obras compradas durante su viaje por Europa. En 1764, un comerciante berlinés en pago a una deuda envió 225 cuadros a Catalina II. A partir de ese momento la Emperatriz empezó a comprar prácticamente todas las obras de arte que se ponían a la venta  para decorar el Gran Palacio. Sólo en el comedor colgó 92 cuadros. La familia Románov convirtió en pasión la adquisición de obras de arte y así nació la colección imperial.

Madonna Lita. Leonardo da Vinci

Durante nuestra  Guerra de la Independencia, los “cultos” soldados franceses expoliaron  iglesias y  palacios de todo el territorio español. Las tropas de Napoleón se llevaron a su país gran parte de nuestro patrimonio cultural.  Muchas de nuestras obras de arte fueron a parar a la colección privada de la familia Bonaparte o quedaron en manos de oficiales del Ejército francés y otra parte fue interceptada por el Duque de Wellington tras la batalla de Vitoria. El Gobierno inglés de la época ofreció la devolución de nuestros cuadros, pero la sorprendente y estúpida negativa de aceptarlos por parte de un Rey  que fue inmortalizado por Goya y cuyo retrato cuelga hoy en día de las paredes del Museo del Prado nos dejó sin ellas . En mi opinión debería estar colgado del revés por ésta y otras decisiones que tomó aún más estúpidas.  El “regalo español”, irónico nombre con el que se conoce este valioso grupo de obras de arte, puede admirarse hoy en las paredes de palacios y grandes museos británicos,  incluida  la National Gallery de Londres.  Otra parte del fruto de la rapiña napoleónica  tenemos que disfrutarla en las  salas de pintura española del Museo del Louvre y en otros grandes museos del mundo

El Mariscal  Soult,  General del Estado Mayor de Napoleón, fue un gran admirador de la pintura española sobre todo de la escuela sevillana. Mal gusto el hombre no tenía. Entre lo que él mismo rapiñó como botín de guerra y lo que el gran Napoleón le regaló por los favores prestados  consiguió reunir una selecta y valiosa colección de pintura española . Ni corto ni perezoso, entre otras obras arrancó del Hospital de los Venerables, uno de los mejores trabajos de Murillo. Dejó tirado el marco que todavía se conserva en Sevilla y se llevó  “La Inmaculada” a París.  Allí permaneció hasta 1940, cuando por circunstancias de otras guerras nos fue devuelta   junto a la “Dama de Elche”“las cajas españolas” del Museo del Prado. Tras la muerte del mariscal,  sus herederos que no debían tener mucho amor al arte pero sí al dinero, vendieron la colección y la diseminaron por el mundo.

El zar Alejandro II, después de expulsar en 1812 del territorio ruso a Napoleón, decidió seguirlo con un grupo de cosacos hasta París. Supongo que entre otras cosas,  con el fin de recoger las obras de arte que los soldados rapiñaron en su país y que tuvieron que dejar abandonadas y tiradas por el camino. Necesitaron salir de Rusia muy deprisa y tanto peso ralentizaba su viaje.  Durante la estancia  en Francia del joven zar, dicen las malas lenguas que se forjó una gran amistad entre él y la bella esposa del Emperador francés. Parece ser que el romanticismo y el recuerdo de tan apasionada relación le llevó a desear adquirir algún objeto de la  Emperatriz francesa al conocer la noticia de su muerte . La compra por parte de Alejandro de la colección privada  de pintura de Josefina se convirtió en una de las aportaciones  mas importantes a la colección imperial rusa. Grandes obras de la escuela española llegaron a la residencia del zar junto con otras de la colección Soult. . A orillas del Neva , en  el “refugio del ermitaño” ( significado etimológico de Ermitage) ,  encontraron su lugar definitivo para ser admiradas a la vez que daban consuelo al romántico  Alejandro.

Creo que el apuesto Zar hizo pagar de manera muy sutil  a los franceses su excursión por las tierras rusas. Al final dejó al aventurero excursionista ¡sin imperio, sin chica y sin botín!.

Los nazis,  también grandes amantes de las obras de arte ajenas,  expoliaron el patrimonio cultural de Rusia de manera salvaje. Todo aquello que no podía ser trasladado  decidieron que debía ser destruido. El objetivo de hacer desaparecer de la faz de la tierra a determinados grupos étnicos incluía destruir también su cultura y su memoria. Así que la envidiada colección imperial, todavía tuvo que pasar tiempos muy difíciles para su integridad pero afortunadamente hoy podemos contemplarla casi intacta gracias a los esfuerzos de miles de personas amantes del arte y de lo que éste significa en la memoria cultural y  para la identidad de un país.

El Ermitage sufrió como un habitante más el asedió de 872 días al que los nazis sometieron a  la  ciudad de Leningrado durante la II Guerra Mundial. El mismo  día que las tropas nazis invaden el país el Museo inicia,  por expresa orden del Krémlim,  la evacuación de sus obras que comienzan  a ser embaladas.  El 1 de julio de 1941,  un tren blindado partía de la estación de ferrocarril de Leningrado. En su interior viajaban la colección de la Sala I, protegida por escolta armada pertrechada de ametralladoras y plataformas antiaéreas.  El tren de 3 locomotoras viajó durante 6 días hacía el interior de Siberia y al igual que la familia imperial años antes,  llegó a la ciudad de Sverdlosk ( Ekaterimburgo). La sala II partió de Leningrado el 20 de julio en la misma dirección, hacia la seguridad de la barrera natural de los Montes Urales. Más de millón y medio de piezas perfectamente empaquetadas entre  50 toneladas de virutas de madera, dormían protegidas a 2222 km. de su ubicación habitual.

El 21 de julio comenzaron a caer las primeras bombas nazis sobre Leningrado. La evacuación de la sala III con 351 cajas prevista para el 30 de agosto  tuvo que suspenderse.  El 21 de septiembre todos los ciudadanos de Leningrado  son convocados a la lucha en defensa de la ciudad.  El Ejército nazi ha conseguido cerrar el cerco  y el 7 de octubre,  Hitler jura que la cuna de la Revolución y antigua capital imperial será completamente  destruida.

El resto de la colección se quedó en el Museo durante toda la guerra. Para su preservación los expertos analizaron las partes más seguras del edificio y seleccionaron los muros y bóvedas que mejor soportaran  los posibles bombardeos. El material de embalaje se había acabado. Cajas,  valiosos cuadros de grandes dimensiones, objetos pesados de bronce y mármol , porcelanas, esculturas, lámparas de delicado cristal, muebles,….. todo fue transportado hasta los sótanos y plantas inferiores.  Se improvisaron estanterías  con  arena traída de la orilla del río Neva. Las ventanas  fueron protegidas con las pocos materiales que quedaban y el personal del Museo joven y sano fue reclutado para el combate.

Los trabajos de traslado y posterior vigilancia  fueron realizados por los que no eran aptos para el combate bien por edad o por motivos de salud.  Al grupo se unieron sus familias y algunos vecinos. Para  las brigadas ciudadanas contra  incendios que se formaron con voluntarios para la defensa y protección de la ciudad, el Ermitage, junto a  los hospitales, era tratado como punto prioritario.  En los sótanos del museo encontraron refugio más de 2000 personas incluidos niños . Entre todos asumieron la protección y el cuidado de las obras. Siempre dispuestos a mover de un lado a otro pesados objetos, apagar  fuegos o subirse a los tejados para revisar si habían quedado bombas sin explotar o artefactos incendiarios. Todo ello con una insuficiente ración de comida de 250 gr. de pan al día que poco tiempo después tuvo que verse reducida a la mitad.  Bombardeos, incendios, incluso inundaciones hacían necesario el  traslado continuo de los valiosos objetos. El improvisado personal de mantenimiento trabajó muchas veces hasta la extenuación dejando su vida en el esfuerzo físico que a veces implicaba la protección de las obras.

Se dice que durante estos días un anciano que había dedicado gran parte de su vida a cuidar y admirar las obras del Museo paseaba habitualmente por sus salas vacías enseñando imaginarias obras a toda aquel que quisiera acompañarle. Los afortunados que pudieron asistir a las charlas de tan peculiar guía cuentan que las descripciones eran tan apasionadas, exactas y detalladas que incluso era posible “verlas”. Algunos de éstos tenaces visitantes del museo, por entonces niños, han contado que jamás han podido apreciar mejor la belleza del arte como en aquellas visitas a las salas vacías. Sin embargo, nadie recuerda el nombre del anciano guía del Museo. Algunos piensan que no era real, y que el hambre hace ver personas donde no hay nadie. Los más románticos pensaron que era el espíritu del nostálgico zar describiendo los cuadros de su amada Josefina y los más prácticos opinaron  que alguno de  los gatos descendientes de aquellos que la Emperatriz Isabel I hizo traer desde Kazán , para evitar acabar en algún puchero se hizo hombre y así poder seguir cumpliendo con su cometido que no era otro que el de “proteger  las obras de arte de las ratas”.

Gracias al esfuerzo y la tenacidad de aquellos que preservaron el arte para el disfrute de todos,  hoy, podemos decir que  entre los  mejores cuadros del Ermitage se encuentran  magníficas obras de la escuela española. ¿Será posible verlos algún día en las calles de Madrid aunque sea sólo de manera temporal? Supongo que las grandes joyas no salen nunca del  refugio del ermitaño, pero quizá algún Murillo, Goya, Velázquez, Piombo, Zurbarán, Carreño… puedan regresar  a la tierra que los vio nacer para visitar a sus hermanos del Prado. ¡Sería fabuloso!

Visita virtual al Museo Ermitage San Petersburgo

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Publicado por birioska

blog sobre cultura rusa

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