¿Qué beben los rusos?

Supongo que casi todos os habéis contestado a esta pregunta en vuestras mentes.  Algunos,  es posible, incluso con la misma contestación ¡Vodka!. Siento deciros que os habéis equivocado. La bebida más consumida en Rusia no es el vodka, es… ¡el saludable té!.  En ruso, Chái (чай).

La infusión de hojas  de la Camelia sinensis  ya se bebía en la Rusia europea 100 años antes del famoso motín del Té. Sí,  el  que provocó la guerra de la independencia entre Inglaterra y sus territorios coloniales americanos  y que llevó al nacimiento de los EEUU.

En la lejana China, allá por el año 250 a.de c. esta bebida nació con fines medicinales pero enseguida se extendió la  costumbre de añadir  hojas  del té  para mejorar el  sabor del agua hervida.  Desde entonces, su consumo no ha parado de crecer hasta extenderse a  cualquier rincón del planeta e incluso  fuera de él, ya que las hojas de té han viajado en  naves espaciales siendo fundamentales en la alimentación de los astronautas soviéticos.

Esta hierba viajera llega a la mayoría de los países europeos gracias a  la navegación , exactamente a través de la Compañía Británica de las Indias Orientales fundada en 1600. Este apunte histórico provoca también una curiosidad lingüística. La mayoría de los  países europeos  conocemos  la bebida a través del comercio británico y adaptamos su  nombre desde el inglés “tea” al idioma propio, en nuestro caso “té”. Los países que conocieron la bebida gracias a las rutas  comerciales terrestres heredadas de los antiguos caminos de la ruta de la seda  adoptaron  el nombre original desde el idioma chino “Cha”, como es el caso del árabe, el ruso y las lenguas de algunos países balcánicos, por ejemplo.

Mapa de la palabra Te en las distintas lenguas europeas

Los rusos conocieron el té más o menos a la vez que los ingleses, aunque algunos dicen que fue antes cuando los cosacos , Iván Petrof  y Bernash Yalishef  en 1567 se dedicaron a mercadear con las caravanas de las lejanas estepas y llevaron el té a tierras de la Rusia europea . Ante esa incipiente posibilidad de negocio, en 1638, el  primer Zar de los Románov, Miguel  I, quiso abrir su propia ruta comercial hacia el este. Para ello, envío a un emisario,  Vassili Starkov , de compras a las lejanas estepas de Mongolia donde se asentaba el Emperador de oro (Altyn Khan ).  Las negociaciones debieron ser muy satisfactorias ya que el Khan regaló una mercancía algo especial al zar de todas las Rusias .  ¡No se si era consciente de lo rentable que serían aquellos 25 puds !, el regalo convirtió a la corte rusa en uno de sus mejores clientes.

El pud ( пудь) es una antigua medida rusa de masa . Más o menos 1,5 puds equivalen a 16 kg. Las medidas tradicionales  dejaron de utilizarse oficialmente  en 1924 durante el periodo de reformas de la Revolución rusa.  Utilizadas desde el siglo XII todavía viven en la literatura clásica, los cuentos,  en el idioma actual a través de  refranes y dichos populares . En áreas rurales, podemos ver las viejas pesas de 1 pud, en museos, mercadillos, viejos graneros y a veces  utilizadas en juegos y deportes tradicionales. ¡Estoy segura que algún ruso todavía mide la cosecha de pepinos de su dacha en puds.! ¡En nuestros campos,  alguno hay que habla de fanegas!.

Medida de 1 pud

El viajero Starkov no entendía el sentido de cargar con el pesado fardo de hojas muertas con el que el Khan quiso agasajar al Zar de todas las Rusias, sobre todo  teniendo en cuenta la cantidad de hierbas que ya había en Rusia y que se utilizaban en la medicina tradicional. Al fin y al cabo, una orden es una orden y a pesar de la incomodidad, se llevó el té a Moscú.

El brebaje obtenido de las hierbas fue del agrado del zar y de toda su corte. Poco a poco fueron creciendo los asiduos a la nueva bebida a la vez que crecían también los acuerdos comerciales entre Rusia y el kanato de oro, basados principalmente en el intercambio de  un montón de hierbas secas por pieles de animales. Las relaciones comerciales entre China y Rusia nacieron a través de estos regulares intercambios iniciándose la conocida ruta del té o ruta de Siberia que fue creciendo en importancia.  A pesar de ello, el precio de las hojas secas seguía siendo muy caro para que la bebida se hiciera popular fuera de la realeza y aristocracia.  El reformista Pedro I,  gran aficionado a la reconfortante infusión y viendo lo lucrativo de aquel negocio monopolizó el mercado y su precio empezó a bajar. Durante el reinado de Catalina La Grande, gran aficionada también a la caliente infusión , las importaciones desde China  eran un mercado regular con un volumen de 3 millones de puds anuales.  Su precio, cada vez más asequible acercaba  el consumo de la bebida a todas las clases sociales del país.  Es en el siglo XIX  cuando el consumo de té tuvo un empujón definitivo al abaratarse aún más su coste gracias al ferrocarril . El nuevo transiberiano transformó el viaje de año y medio en las caravanas de camellos en un viaje de 10 días sobre el nuevo caballo de hierro.  Hoy en día más de 10 millones de puds de té viajan anualmente hacia Rusia desde distintas zonas geográficas del planeta.

La única zona de cultivo de té de calidad en Rusia es la región de Krasnodarsk,  cercana al mar negro, con una producción insuficiente para abastecer a toda la población que sigue dependiente de las exportaciones para disfrutar de la auténtica bebida nacional de los rusos. A pesar de las nuevas modas la variedad de té más consumida en el país es el  té negro. Su sabor, preferiblemente  debe mantener una peculiaridad.  Tras la fermentación, en la taza, debe persistir  un ligero recuerdo al ahumado que se pegaba a los fardos durante el descanso nocturno de las caravanas junto a las fogatas tan necesarias en las frías noches de la estepa.

La estimulante bebida fue adaptándose también según costumbres y  tradiciones propias hasta convertir su consumo en un verdadero ritual con personalidad propia.

Servida muy caliente acompañaba a la población casi a diario, se bebía té en las celebraciones, marcaba el tiempo de descanso en las largas tardes invernales, se servía acompañado de ricas viandas sobre todo dulces, se ofrecía a los invitados,… Tomar té se convirtió en un entretenimiento y excusa social. En el siglo XIX se puso de moda beber el té mientras en la boca se mantenía un duro terrón de azúcar que por efecto del agua caliente poco a poco se iba deshaciendo. Otra forma muy utilizada de endulzar la bebida es añadir una cucharada de mermelada o miel.

Los muchos beneficios de la infusión,  fundamentalmente conforta  y estimula el cuerpo, han convertido al té en la bebida más consumida del país. Los rusos beben más té que agua. En cualquier ocasión beben té, si les duele la cabeza beben té , si están cansados beben té , si tienen sed beben té,  si tienen hambre beben té,  si están aburridos beben té,… En casa beben té, en la oficina beben té,  en tren beben té,  en avión beben té,…. Tengan la edad que tengan, estén donde estén, y hagan lo que hagan… ¡Siempre beben té!

La costumbre personalizó los utensilios para su elaboración y ritual. El té debe beberse en una taza de porcelana. No por simple capricho estético, la porcelana mantiene bien la temperatura de la bebida y no altera su sabor,  con la ayuda del asa se puede manejar sin que uno se queme porque el té en Rusia se bebe muy caliente pero era un material caro.  La  bebida al hacerse popular también abandonó las tazas de porcelana para llenar humildes vasos de vidrio con los que confortar el cuerpo en los fríos inviernos. El vidrio  presentaba el problema de no aislar bien de la temperatura. Coger un vaso lleno de té caliente con las manos entumecidas por el frío convertía el momento relajante en una actividad arriesgada.  Durante el siglo XIX , el popular ingenio ruso diseñó una solución para este problema que en seguida se extendió por todo el país. El nuevo invento admitía para su realización materiales de todo tipo de precios; acero inoxidable,  plata, oro, níquel, corteza de abedul, porcelana, … El podstakán, palabra que realmente describe exactamente a lo que se refiere y que no tiene equivalente en nuestro idioma es un simple soporte con asa para el vaso, realizado en material no conductor del calor. Y el pueblo ruso empezó a crear sus tradiciones, rituales y artilugios propios para tomar el té.  El podstakán, además de evitar quemaduras en las manos aumentaba la estabilidad del vaso. La solución perfecta para mesas en “movimiento” como son las de los trenes o barcos. La costumbre de beber té en uno de estos “inventos” era habitual en largos trayectos de tren durante el siglo XX.  Los vagones de tren estaban dotados de grandes depósitos de agua caliente a disposición de los viajeros.

Admirar los bosques llenos de nieve y lagos helados a través de la ventanilla con un caliente vaso de té mientras dejas volar la imaginación… es un verdadero placer que no añade coste al precio del billete. ¡Hay que probarlo!

Publicado por birioska

blog sobre cultura rusa

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