¡Aquí huele a carne rusa!

Los aficionados a los cuentos rusos es posible que conozcan esta frase. Si no es así, no hay que preocuparse. Cualquier niño ruso pueda decirles que personaje tiene tan buen olfato. Desgraciadamente la traducción se ha llevado mucho no sólo de su significado literal sino, y lo que es más importante de su sentido y también parte de la personalidad del personaje. Normalmente con estas palabras hace su aparición en los cuentos, la malvada más famosa del folclore ruso. Realmente la anciana antes de decir la frase utiliza una onomatopeya. ¡Fu,fu,fu!. El equivalente a escupir 3 veces por encima del hombro izquierdo, gesto que todavía a modo de superstición puede verse hacer a muchos rusos en situaciones adversas para alejar a los malos espíritus o al mismísimo demonio. Después del gesto, Babá Yagá grita; ¡Aquí huele a espíritu ruso! (Фу,  фу ,фу, здесь русский дух, здесь Русью пахнет!).

Yo he leído hace poco una frase parecida sobre el espíritu ruso. ¡El poema de Ruslán y Ludmila! «Allí reina el espíritu ruso… Todo sabe a Rusia allí».  Pushkin reivindica las tradiciones rusas, su identidad. Nos presenta el paganismo antiguo a través del poema y nos «enseña» el código cifrado de los cuentos.

La época anterior a la cristianización de la Rus es algo controvertida. Las crónicas de Néstor sobre los tiempos antiguos son poco detalladas. El segundo riurka , el Príncipe de Nóvgorod Oleg, fue tomando el control de las ciudades del río Dnieper hasta  Kiev en luchas contra otros pueblos. Trasladó la capital a esta ciudad y se proclamó Gran Príncipe de Kiev.  Aquí empieza una de las discusiones más antiguas sobre el origen de Rusia. Según Néstor, este príncipe era cuñado del primer Riurka. Según la crónica de Nóvgorod, Oleg no pertenecía a la familia real. Era un comandante  militar de Novgorod y muy probablemente no era varego. La duración de su reinado y la del siguiente Riurka,  el Príncipe Igor, según Néstor tienen la misma duración, 33 años.  Oleg profetizó su propia muerte por la mordedura de una serpiente, lo que le llevó a ganarse el sobrenombre del Profeta. La fecha y el lugar de su entierro también varían según las crónicas, para Néstor fue enterrado en Kiev y para los novgorodianos en una isla del Ládoga. Para añadir más controversia al asunto crónicas bizantinas y persas añaden a estos hechos fechas diferentes y algún otro dato más que en lugar de aclarar confunden más la historia. A su muerte le sucedió el Príncipe Igor, cuyo reinado estuvo sometido a las presiones jázaras y de otros  pueblos de origen túrquico llegados del sur. Fue asesinado por los drevilianos. Su esposa, la princesa Olga,  vengó su muerte y gobernó la Rus demostrando gran inteligencia en las estrategias frente a los enemigos. De manera privada se convirtió al cristianismo, siendo la primera persona del pueblo de la Rus declarada Santa con el nombre de Elena. Siguió el reinado de Sviatoslav que se caracterizó por el éxito de sus campañas militares contra  jázaros y bulgaros. Extendió  los territorios de la Rus desde el Danubio hasta el Volga y trasladó la capital de su fortalecido estado a una ciudad a orillas del Danubio.  Durante su infancia y juventud vivió en Nóvgorod, se mantuvo pagano durante toda su vida entre otras cosas porque si se hubiera convertido al cristianismo hubiera perdido el respeto de sus tropas. Se enfrentó al imperio Bizantino,  cuando partió hacia la campaña militar dejó diferentes regentes en sus tierras,  a su hijo Yaropolk en Kiev, a su hijo Vladímir en Nóvgorod y a Oleg como soberano de los Drevlianos. Nunca regresó. Fue  asesinado por los pechenegos cuyo kan puso la calavera de Sviatoslav en su cetro real. Tras su muerte, sus herederos se enfrentaron entre sí provocando cruentas guerras civiles. Primero Yaropolk asesinó a su hermano Oleg y unió al principado de Kiev las tierras de los drevilianos. Más tarde, el príncipe Vladímir de Nóvgorod con el apoyo de nuevos territorios emergentes como Polotsk y Smolensk se enfrentó a Yaropolk y conquistó Kiev. En esos tiempos Vladímir el Grande practicaba el paganismo en su versión «novgorodiana» que era algo diferente a la versión «dreviliana«. Para hacer prevalecer su poder y en un intento de unión de todas las tribus mandó levantar un templo pagano en una colina en Kiev dedicado a seis dioses principales, los más queridos por las diferentes tribus:

Perun  (el dios del trueno y la guerra ), muy seguido por los miembros de la druzhina del príncipe (séquito militar originario de Novgorod).

Los dioses eslavos más venerados por las tribus del norte o kreviches; Stribog ( dios y espíritu de los vientos, el cielo y el aire, un anciano delgado con cabello largo y gris  y una barba muy espesa, vive en la isla de Buyan).    Dazhd’bog ( dios  de la fortuna»)   y la diosa Mokosh ( la Gran Madre que representa la  naturaleza,  la fertilidad, diosa del destino,  gobernaba la muerte y era la protectora de las mujeres).

Khors ( Dios del sol) y Simargl (el gran lobo alado) se incluyeron en apoyo de los poliani.

En contraposición, en el llano de la ciudad levantó el templo a un séptimo dios, Veles. Dios eslavo de la tierra, las aguas, los bosques, la fertilidad, el ganado, el pasto,  la medicina, la música, la magia y el mundo subterráneo. Representado muchas veces como un dragón o serpiente. La eterna lucha entre Perún y Veles es el mito más importante de la mitología eslava.

Vladimir el Grande, Príncipe de Novgorod y Gran Príncipe de Kiev  intentó una unificación territorial afianzándose en el paganismo para acabar con los enfrentamientos entre las diferentes tribus.  Ante la presión de jázaros( de religión judía) y pechenegos (de religión islámica) buscó una alianza con Bizancio por medio del matrimonio  con una princesa griega.  Para ello  fue necesario su bautismo en la fe cristiana de oriente. Con su bautismo y el de su pueblo (988) el cristianismo de oriente se convirtió en la religión oficial de Rusia.

Néstor, el cronista, dice que el mismo Vladímir ordenó arrojar los ídolos paganos que había mandado levantar al Dnieper y en ese mismo lugar se erigió  la primera Iglesia de Rusia.

Los siglos IX y X  son claves para la formación de Rusia por  la unión de las tribus eslavas. Emerge como una nueva potencia regional. Es el momento del nacimiento del idioma moderno y de su identidad cultural.   El soporte sobre el que se escribe, la corteza de abedul, no ha hecho posible la duración de los escritos. Las crónicas, escritas por Néstor y con posterioridad a los hechos tienen una visión parcial de los mismos. Monjes y nobleza son  los únicos que dominan en esos momentos el arte de la escritura con el nuevo alfabeto y aportan en sus crónicas una visión religiosa o política. Tiempos en los que el cristianismo se convirtió en la nueva religión de la élite, se implantó  en las ciudades y en la clase noble pero la población  que habitaba en las zonas rurales, siguió adorando a los viejos dioses.

Los sacerdotes cristianos  lucharon contra lo que se llamó dvoeverie (‘doble fe’). Los campesinos aceptaron el bautismo, las celebraciones de misas y los santos de la nueva religión pero, por otro lado, seguían aferrándose a los antiguos ritos  para solucionar los problemas del día a día con sus cosechas, la protección de sus rebaños o las predicciones climáticas,  tan necesarias para los trabajos agrícolas y asegurar el futuro. Los cuentos tradicionales nacen de los antiguos relatos, bajo la perspectiva de las clases populares y los personajes mitológicos, los hechos, los guerreros poco a poco se van transformando por la presión religiosa.

Probablemente uno de esos viejos personajes que más transformaciones y presiones ha resistido es Babá Yagá. No debe sorprendernos su poderoso olfato capaz de reconocer entre lo nuevo que llega de otras tierras de la verdadera identidad étnica, los atributos físicos y espirituales autóctonos, es decir, rusos. Su capacidad se refleja en el color azul de su nariz  que representa la inmortalidad de los dioses. En ella lo que eran las virtudes y atributos de la Diosa madre Tierra se transforman en defectos y actitudes para asustar. A través del miedo es de suponer que se vayan abandonando los antiguos rituales de adoración a la más poderosa y persistente diosa en la memoria de los campesinos. La que controla las cosechas, las estaciones anuales, el destino de los hombres, la fertilidad y en definitiva la vida y la muerte. Aunque poco a poco y cuento tras cuento, en la bruja se van concentrando no solo las atribuciones de una sola diosa, sobre ella recae el recuerdo, los rituales  y  la simbología de lo más importante del paganismo eslavo.

Para los antiguos eslavos el concepto del mundo se basaba en el Triglav (3 mundos o niveles diferentes),  el  Prav (Правь) o mundo de los dioses (Su nombre ha derivado en la raíz del idioma ruso que significa verdad). El Yav (Явь) o mundo de los vivos, cuyo significado puede entenderse como el mundo actual y de cuya raíz se piensa que deriva el nombre de nuestra protagonista, ya que en la fonética rusa actual la letra «g» se pronuncia en algunas palabras como «V».  El Tercer mundo, el Nav (Навь), el inframundo o mundo de los muertos, palabra que implica probabilidad. En el Triglav estos tres mundos se entrelazan y sus «habitantes» mediante transformaciones pueden pasar del uno al otro. Se representaba o bien como un «fuerte roble» o tomaba la forma de un Dios supremo con 3 cabezas.  Los ojos y labios a veces aparecen cubiertos por una cinta dorada para no poder ver los pecados de los humanos ni tampoco hablar de ellos, aunque esa cinta dorada más bien parece un añadido posterior a modo de censura religiosa, pero la cinta no llega a cubrir la nariz dejando libre el sentido del olfato del dios. ¿Será por eso que Babá Yagá conserva su divinidad en el azul de su nariz y puede «oler» a los humanos y distinguir entre ellos a sus hijos?. Su boca también tiene unos peculiares dientes de hierro.

Las tierras de los eslavos se encontraban delimitadas por diferentes aguas, desde las saladas aguas del Mar Báltico a las dulces aguas de inmensos lagos como el Ládoga a los que ellos también llamaban mar, su crecimiento como grupo étnico viene marcado por el desplazamiento a través de las aguas de sus grandes ríos. Al igual que los antiguos eslavos nuestra protagonista se desplaza por los cielos de Rusia en una nave y remando como si viajara a través de las aguas.

Estupá y maja

 

Ella vuela en un almirez, al menos es por lo que traducimos la palabra ступа (estupá), un artefacto que desde la prehistoria y hasta los albores del siglo XX se utilizaba en tierras rusas para moler el grano y transformarlo en harina, una labor propiamente femenina desde la infancia y que podía realizarse en el interior de las viviendas. Habitualmente fabricados de madera de abedul, eran de forma cilíndrica  y llegaban a tener una altura de 80 cm. La estupá se apoyaba en el suelo y en su interior se depositaba el grano que era machacado con la ayuda de la maja. Nuestra protagonista utiliza la maja, como si fuera un remo para surcar el cielo que es el lugar donde habitan los dioses. Hay que recordar en estos momentos que uno de los significados que se atribuyen en idioma antiguo a la palabra «Rus» es los hombres que reman. Las mujeres utilizaban también la maja, cubierta de trapos para limpiar el horno, la pieza clave de las viviendas tradicionales rusas, y sin el cual no es posible sobrevivir en el frío invierno.

Mujeres moliendo grano en la Estupá. Una labor que en el mundo rural ruso se ha mantenido hasta el siglo XIX.

Los protagonistas de los cuentos siempre encuentran a Babá Yagá vigilante y tumbada sobre el horno. Desde allí ella distingue con su nariz azul  al auténtico ruso. Una nariz que normalmente toca el techo de la vivienda (el equivalente al cielo en el interior conservando así su conexión con el mundo de los dioses). Como ella es extremadamente grande para el tamaño interior de la vivienda, sus pies permanecen tocando el suelo para demostrar su pertenencia al mundo de los vivos. Como a todos los rusos le gusta consumir té, pero el de ella está elaborado con rosas azules (otra vez el color de la inmortalidad). Con ella vive un gato también un poco especial,  es capaz de hablar, de vigilar la vivienda y al intruso si fuera necesario. Un animal que actúa no como un amigo sino más bien como un criado al servicio del ama o de la Diosa, es decir, como haría un  antiguo sacerdote pagano.

Antes de seguir hablando de nuestra malvada amiga, vamos a volver a los primeros versos del poema de Pushkin. Creo que ahora vamos a poder leer entre líneas  y ver mucho más en ellos que la primera vez que los leímos.

«En la costa de un mar lejano crece un robusto y verde roble. Un gato sabio, atado al tronco con una cadena de oro, da vueltas sin cesar en torno a él.

Cuando corre a la derecha, entona una canción, y cuando corre a la izquierda se pone a contar un cuento.

Babá Yagá todavía esconde muchos secretos.

Continúa en Babá Yagá pata de hueso

 

Publicado por birioska

blog sobre cultura rusa

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