La hermana mayor

Desde que estoy en Moscú los días se han hecho más cortos. Es tarde cuando he salido de las clases para mi paseo diario por las calles de la ciudad, hoy llegaré hasta la Universidad de Moscú. Un solo edificio en el que se encuentran todos los cursos de casi todas las disciplinas universitarias. Tiene bibliotecas, más de 5.000 dormitorios para los alumnos, comedores, gimnasios…y 33 km. de pasillos. Chistes y leyendas hablan de estudiantes o de sus fantasmas  que jamás salieron del edificio durante los años que duraron sus estudios bien porque no quisieron o bien porque no pudieron encontrar la salida y desde entonces vagan por el edificio. Bromas aparte, un amigo que llegó allí para estudiar ruso durante el verano me habló de su sorpresa cuando lo primero que le dieron al recibirle fue un plano con su habitación, aula y comedor marcados. En el trayecto desde la entrada a la habitación comprendió el por qué.

Me gustaría saber cuantas escaleras tiene, seguro que los estudiantes deben cumplir al pie de la letra eso de “mens sana in corpore sano”. Hay que tener buena forma física para llegar a clase a tiempo aunque uno no tenga que salir a la calle. Atascos de pasillos o asensores parados deben ser los protagonistas de las disculpas más escuchadas cuando se llega tarde.¡Maratones pueden hacerse con tanto pasillo!

Estoy en la esquina sureste del edificio. Calcularé el tiempo que tardo en rodearlo. El paseo entre árboles es muy agradable pero después de 10 minutos sigo caminando por el mismo lado del rectángulo que forma la base del edificio, no he llegado ni siquiera a la primera esquina. Los árboles y la distancia no me permiten ver la perspectiva de este lado del edificio. La sensación que tengo al girar la esquina es muy diferente. Según avanzo en mi caminar la forma escalonada de la fachada se eleva ante mí  poco a poco  hacia el cielo. Por fín, después de 23 minutos andando he llegado al centro de la fachada principal. Estoy frente a la escalinata central, demasiado cerca para ver  la estrella que corona el edificio y que pesa 12 toneladas.

Al darme la vuelta se abre ante mí un paseo con jardines estatuas y estanques. Camino por el lateral observando a una familia de patos que se refresca nadando entre nenúfares. Vuelvo la vista atrás t elevo la cabeza como si estuviera buscando la luna en el cielo para ver completo el edificio de la universidad. Es impresionante. Ante mi tengo la impresionante mole de piedra escalonada. ¿Qué pensará un muchacho de 18 años en su primer día de clase al entrar en este edificio? Creo que me sentiría engullida por este gigante de piedra que fue el edificio más alto de Europa cuando se construyó en 1950. Debo alejarme más y más para captar con la cámara del teléfono una fotografía en la que este coloso pueda verse entero.

Después del impacto inicial que produce la visión de un edificio de 240 m. de altura desde tan corta distancia hay que decir que estéticamente puede gustar o no pero no deja de impresionar a nadie.  Para mi es muy ordenado geométricamente, sencillo y elegante,  Con un color que se adapta  al verde de los jardines que lo rodean y el azul del cielo que lo enmarca. Las estatuas de las cornisas, las escaleras y columnas de la entrada le dan un aire muy clásico. Para los gustos decorativos de los rusos podemos decir que su decoración es  escasa. Sin embargo, los relojes, barómetros y termómetros gigantes de la fachada me parecen además de bonitos, simpáticos y originales.  Un reloj en un edificio es algo a lo que estamos acostumbrados pero medidores que no sean de tiempo y de ese tamaño  no he visto muchos.

La МГУ (MGU), acrónimo que significa  Universidad Estatal de Moscú (Московский государственный университет ) fue fundada en 1755. En 1940 se añadió a su nombre el de su fundador M.V.Lomonósov y desde entonces su nombre completo es Universidad Estatal de Moscú llamada M.V. Lomonósov (Московский государственный университет имени М. В. Ломоносова)  No es de extrañar que los rusos sean tan amigos de utilizar acrónimos para todo con las palabras tan largas que tiene su idioma y los nombres tan rimbombantes que le dan a todo.  

Mijail Vasiliévich Lomonósov fue un hombre muy interesante. Nació al norte del país, a orillas del mar Blanco en la ciudad de Arjángelsk y desde niño se caracterizó por su curiosidad y necesidad de adquirir conocimientos lo que le llevó a salir de su ciudad natal y venir a Moscú. Un viaje que hizo andando y en invierno allá por el siglo XVIII. El fundador de la primera Universidad de Rusia presidió la Academia Imperial de las Artes y las Ciencias. Filósofo, poeta, lingüista, geógrafo, físico. No hubo campo del conocimiento en el que él no publicara un libro o un tratado.  En su afán de transmitir sus conocimientos sintió la necesidad de adaptar el sistema ruso de educación superior al de las universidades europeas. No penseis que no tenían un lugar específico para desarrollar o adquirir esos conocimientos simplemente sus centros de estudios se organizaban y llamaban de diferente forma desde que en el siglo XVI así lo decidiera Iván IV (El Terrible) que fue el que se ocupó de organizar toda la estructura estatal y social de este país además de llevar la imprenta a la calle Nikolskaya de Moscú.

Desde los tiempos de Lomonósov las diferentes disciplinas universitarias se han estudiado de manera independiente en lugares llamados Institutos que dependían organizativamente de la Universidad. (Nosotros llamamos facultades a estos lugares) y estaban localizados en el centro de Moscú.

La palabra Instituto ha dado lugar a muchos equívocos en las traducciones al español ya que para nosotros los Institutos son los lugares donde tradicionalmente se realizan estudios medios de bachillerato o como se llame ahora con tanto cambio de plan de estudios. Sin embargo en Rusia los lugares en los que se impartían el equivalente de este tipo de estudios (8ª,9º,10ª y 11ª clase) eran las escuelas, liceos o gimnasios (otra palabra que se ha prestado siempre a error).

Sigo mi paseo con el edificio de la universidad a mis espaldas, claro ejemplo  de un estilo arquitectónico propio de una época de este país conocido con el nombre de colosalismo soviético y desde aquí pienso que su nombre es muy adecuado. La mayor de las 7 hermanas es realmente de un tamaño “colosal”. Así se llama al conjunto de los 7 enormes edificios de estética parecida con los que Stalin quiso decorar la ciudad de Moscú.

Mi paseo de hoy no acaba aquí. Debo seguir el camino rectílineo que me macan los estanques hasta el final y llegar a una terraza mirador desde donde se tiene la mejor vista del atardecer sobre la ciudad.

El edificio de la Universidad está construido sobre “la colina de los gorriones” en tiempos de su construcción el lugar era conocido como “la  colina de Lenin”.  En el desnivel entre el río y la altura natural de 200m. en la que se construyó la Universidad se encuentra un “colosal parque” en el que no se si todavía existirán las viejas pistas y los toboganes de saltos para practicar el esquí. Los “viejos universitarios” de los años 50, 60, 70 y 80 podían disfrutar de ellos entre clase y clase. Al llegar a mi destino pienso que el nuevo nombre es muy acertado. El edificio me hace sentir pequeña, del tamaño de un pequeño gorrión y la vista panorámica de la ciudad con el sol detrás descendiendo en el horizonte me hace pensar que el pequeño gorrión en el que me he convertido está descansando en lo alto de un árbol preparándose para sobrevolar las calles de Moscú en lugar de caminar por ellas.

El lugar, una inmensa acera muy alejada de cualquier vecino que quiera descansar, se llena de gente cada tarde de verano. Turistas atraídos por su panorámica, jóvenes parejas que disfrutan del romántico momento del atardecer, familias con niños que han jugado en el parque, personas un poco más mayores que quieren revivir recuerdos del pasado universitario,… En fin,  todo tipo de gentes vienen hasta aquí. La espera del atardecer está amenizada por música de diferentes estilos, unas veces más retro, otras veces puro rock ruso con la que muchos de los que aquí están se ponen a bailar como si estuvieran en las mejores discotecas del país o en lujosos salones de baile de otras épocas. Aunque casi todas las canciones que pudes escuchar aquí tienen algo en común o bien hablan de Moscú y sus habitantes en sus letras o bien forman parte de la memoria musical colectiva del país. La carretera de la calle que limita la inmensa acera, sin apenas tráfico poco a poco se va llenando de “moteros moscovitas” con una estética que me parece un poco extraña para la ciudad en la que me encuentro sin embargo es una estética por todos conocida gracias a las películas de Hollywood. Los “Lobos” ataviados con chupas de cuero negro cabalgan sobre sus Harley haciendo sonar los motores al ritmo de la música rock. 

El sol se pone mientras la ciudad enciende sus luces. Destaca ante mí el Estadio de Luzhnikí, por tamaño y cercanía. A un lado se recortan en el cielo los rascacielos del nuevo distrito financiero y de negocios de la ciudad, Moscow City y las cúpulas del Convento de Novodevichy. Edificios representativas de 3 épocas históricas casi alineados en el primer plano de la panorámica que se disfruta desde aquí. Al iluminarse el Estadio resalta su forma de bandeja en la que se sostienen las doradas cúpulas de la Catedral de moscú y del omnipresente Krémlim. La vista es espectacular.

Publicado por birioska

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